María Jesús Godoy y Javier Luque, agricultores de pepino ecológico en Matagorda (El Ejido), nos abren las puertas de su día a día, donde la tradición, el esfuerzo y el compromiso con el futuro del campo caminan de la mano.
En el corazón de la agricultura almeriense, nos sumergimos en la localidad de Matagorda, término municipal de El Ejido, encontramos la historia de un matrimonio de agricultores que nos transmiten su pasión por la agricultura, nos hablan de su sacrificio y esfuerzo diario, de una pareja que ama lo que hacen y dedican su vida al campo.
María Jesús Godoy y Javier Luque de 47 y 51 años respectivamente, comparten con nosotros su experiencia como expertos en el cultivo ecológico de pepino holandés. En el momento de realización de esta revista, acaban de sembrar su segundo cultivo de de esta campaña, que entrará en producción en junio hasta finales de agosto.
Javier siempre ha estado vinculado con la agricultura, sus padres han sido agricultores y desde entonces no se ha separado de la tierra, ‘tuve la posibilidad de estudiar para otra profesión, pero siempre he querido dedicarme al campo’. María Jesús estudió el grado universitario de relaciones laborales y recursos humanos, pero Javier le transmitió la pasión con la que él se dedicaba a la agricultura, por lo que decidió formar tándem con su marido para trabajar gestionar sus fincas.
Javier tiene pasión por los caballos y lo que más disfruta es salir a montar con sus hijos. De otro lado, María Jesús es muy aficionada a la costura, afición que ha descubierto recientemente y que la hace desconectar del estrés del trabajo.
Ambos son agricultores con experiencia en diferentes cultivos como el calabacín, pimiento california o berenjena, y pepino holandés, todos en cultivo convencional. Pero desde hace ocho años, comenzaron a cultivar el pepino en versión bio. Esa transición al cultivo ecológico supuso un cambio radical en la gestión del cultivo, aprendiendo a utilizar métodos naturales para controlar plagas y enfermedades, como el uso de insectos beneficiosos, trampas, y la siembra de plantas compañeras. “Con el convencional dormías más tranquilo. Había más armas para luchar contra las plagas”, reconocen. Sin embargo, han sabido adaptarse a base de constancia, conocimiento, y mucho trabajo en equipo.

Hoy, sus hijos, de 18 y 14 años, ya viven la agricultura en casa. El mayor estudia un grado medio de agricultura ecológica, “él nos pregunta y se muestra interesado por la gestión de los cultivos y aprender”, dicen orgullosos. Queda claro que en la familia Luque Godoy, el relevo generacional está garantizado.
Cuando hablan orgullosos de su día a día sus fincas, aseguran que el camino no es fácil y cada campaña tiene un alto componente de incertidumbre. Además, la dedicación a sus explotaciones es plena, “esto es así, o lo vives al 100%, o no vas a poder vivir de la agricultura, es dedicación 24/7”.
Este matrimonio de agricultores cree firmemente en la agricultura ecológica, como una forma de cultivar más sostenible, equilibrada y consciente, no exenta de desafíos y riesgos, por lo que creen que el mercado debe valorar el esfuerzo de los agricultores españoles, en referencia a la alta competencia con importaciones de terceros países, “aquí no podemos usar ciertos tratamientos y, sin embargo, entran productos de fuera sin ese control, se debe hacer algo con ese tema”.
Pese a las dificultades, a la incertidumbre campaña tras campaña y al riesgo de especializarse en un único cultivo, siguen adelante con pasión, ilusión y una sonrisa contagiosa, “no queda otra”, dicen entre risas y luz en los ojos”. Mª Jesús y Javier son, además de buenos agricultores, profesionales por vocación, son además excelentes personas, y desde Grupo La Caña les agradecemos su confianza y compromiso, son las mejores manos para cultivar los productos llevaremos a los consumidores.

