Hay historias que nacen en el campo, literalmente. Gloria Jódar llegó al mundo en Castell, quinta de ocho hermanos, hija de agricultores, y con apenas unas semanas de vida ya la llevaban al campo, a la sombra de las habichuelas, dentro de una caja de plástico mientras su madre echaba una mano en la faena. Esa raíz tan honda en la tierra y en los valores del esfuerzo ha marcado cada paso de su trayectoria profesional y personal.
Diplomada en Magisterio con especialidad en Inglés, Gloria supo pronto que su lugar estaba cerca de los suyos, en su pueblo. Se formó en contabilidad y herramientas de gestión, y encontró en Grupo La Caña la empresa que unía todas sus piezas: el campo, la familia y el trabajo bien hecho. Empezó en planta, confeccionando tablillas de palets y gestionando albaranes, en una época en la que «con una persona era suficiente porque salía un palet a la hora». Al año y medio, ya ocupaba el puesto que hoy sigue desempeñando con la misma dedicación.

Antes de empezar, su padre le dio un consejo que lleva tatuado en el alma: cuida de la empresa como si fuera tuya. Gloria lo identifica como la clave de su permanencia y de su manera de afrontar cada jornada. Una filosofía que se traduce en atención, responsabilidad y orgullo por lo que se hace, valores que sus propios padres le inculcaron desde pequeña y que ella, a su vez, ha transmitido a sus hijos.
Como gestora de proveedores de envases en los centros de Castell y El Ejido, su labor diaria —siempre en equipo con su compañero Nicolás Caracuel— consiste en abastecer a los almacenes de los materiales necesarios para su correcto funcionamiento: buscando la mejor opción para el cliente y para la empresa, y velando siempre por que los materiales sean seguros y cumplan la normativa vigente. En estos veinticinco años ha sido testigo de primera mano de la creciente preocupación de los consumidores por el medioambiente, con una demanda cada vez mayor de soluciones con menor impacto: menos plástico, más materiales biodegradables, más cajas retornables. Una tendencia que convive con otra igualmente al alza: el cuidado personal y el consumo de frutas y verduras frescas.
Un estilo de vida saludable que Gloria también comparte y contagia a quienes la rodean. Fuera del trabajo, el aburrimiento no existe en su vocabulario: el huerto familiar, los paseos por la playa, la lectura, la costura creativa con la que deja volar la imaginación, y sobre todo el tiempo con su familia y sus dos hijos universitarios, Jesús y Javi, de los que se siente profundamente orgullosa. «Para ser feliz no hace falta ir a las Maldivas», dice con convicción. «Busco la felicidad en el día a día, en las cosas más sencillas que nos rodean.»
Su hermana Esther, ha querido dedicarle unas palabras como aportación para compartir con nosotros:
Para mí, compartir sector profesional con mi hermana ha sido una gran suerte, pero aún más lo es compartir la vida con ella. Siempre ha destacado por su compromiso, su constancia y su forma cercana de afrontar cada reto.
Como profesional, es alguien generosa, que no duda en ayudar y compartir lo que sabe, algo que yo misma he vivido en primera persona. Sus consejos y su apoyo han sido muy importantes en mi camino.
Como hermana, es un pilar: cercana, empática y siempre presente. Esa combinación de gran profesional y gran persona es, sin duda, lo que la hace tan especial.

Su historia es la de una mujer que eligió quedarse, construir y cuidar la historia de Grupo La Caña.

