A sus 44 años, Gumersindo Alonso, natural de Molvízar, representa a una generación de agricultores que ha crecido entre cultivos, esfuerzo y aprendizaje constante. Su relación con el campo comenzó desde muy pequeño, acompañando a su padre tras la jornada escolar, cuando la agricultura se vivía de forma directa y cercana, y el trabajo se hacía, incluso, sin la ayuda de vehículos.
Formado en EGB y con un breve paso por el instituto, Gumersindo tomó pronto la decisión de incorporarse de lleno al trabajo agrícola. Junto a su padre aprendió a sembrar y cuidar la tierra en unas fincas donde, como era habitual entonces, se cultivaba de todo: tomates, habichuelas, coles, lechugas y cebollas, además de chirimoya y aguacate.

El año 2002 marcó un punto de inflexión en su trayectoria profesional con la inversión en su primer invernadero. Desde entonces, ha apostado de forma clara por el tomate cherry, cultivo que mantiene como eje principal en sus dos invernaderos actuales. Solo en momentos puntuales ha diversificado con producciones como pepino, caniles o judía, coincidiendo con el cierre de la campaña de invierno.
Con una vinculación de entre 10 y 12 años en GLC, Gumersindo combina su labor agrícola con la vida familiar, siendo padre de dos hijos de 11 y 8 años. Fuera del campo, encuentra tiempo para dos de sus grandes aficiones: el cuidado y mantenimiento de maquinaria agrícola y la cocina, una pasión que refleja su carácter práctico y detallista.
Su historia es la de muchos agricultores que han sabido evolucionar sin perder la esencia, manteniendo un fuerte compromiso con la tierra y con una forma de trabajar basada en la constancia y la experiencia.

