Tiene 63 años y con más de 40 años ligada al mundo de la agricultura, María Dolores no tiene miedo a los retos, se reinventa campaña tras campaña para conseguir que sus hortalizas tengan la mejor calidad posible. Aunque ya ve cada vez más cerca el momento de soltar el timón en manos de su hijo, José Fernando Fernández, difícilmente conseguirá alejarse por completo de lo que siempre ha sufrido y disfrutado tanto, su campo. 

En una zona especialmente conocida por los cultivos hortícolas intensivos de invernadero, como es el caso de Castell de Ferro, encontramos agricultoras audaces como María Dolores, quién junto a su marido José Fernández García y a su hijo José Fernando, gestionan la actividad y producción de sus fincas, donde cultivan pepino en la campaña de invierno y tomate en la campaña de verano.

Aunque de pequeña siempre le gustó hacer trabajos de corte y confección y en la actualidad aún lo sigue realizando en sus ratos libres, asegura que siempre ha estado ligada al mundo de la agricultura. “Desde muy pequeña, comencé a ayudar a mis padres con la recolección de aceituna en mi pueblo de origen, Huétor Santillán (Granada), del que guardo innumerables recuerdos”.

Afortunadamente para su familia y para ella, las campañas suelen funcionar bastante bien, si bien es cierto que algunas veces llega a desmoralizarse. “Los invernaderos tienen un trabajo muy laborioso, a mí me cuesta cada vez más poder realizarlos, por eso intento inculcarle a mi hijo, el esfuerzo y dedicación que hay que depositar en ello para poder obtener una gran recompensa en el futuro”, nos comenta.

Testigo directa del crecimiento del sector agrícola, María Dolores sabe que es vital mantener el ritmo que marca el mercado y cumplir estipuladamente las normas y certificados de calidad.  “Desde que yo empecé ha cambiado mucho este trabajo, nuevas normativas, nuevas demandas, por eso no te puedes quedar atrás y tienes que seguir el mismo ritmo que marca el sector”.

De hecho, María Dolores asegura que, sin el servicio personalizado del técnico agrícola, conseguir cumplir los estándares de calidad marcados por el mercado, no sería posible. “Desde que contamos con el servicio personalizado de los técnicos de campo, somos capaces de planificar las campañas y prevenir problemas a la hora de cultivar nuestras hortalizas” y en concreto destaca a Almudena Alonso, con la que lleva varios años trabajando, “siempre me coge el teléfono o viene a verme cuando la necesito y es que, al ser una mujer, siento más confianza para hablar con ella”, nos comenta.

Pero si algo resalta de su experiencia de trabajar a la par con Grupo La Caña, han sido estos meses donde la epidemia de coronavirus ha golpeado de manera muy dura en nuestro país. “Han sido momentos muy complicados que nunca pensé que pudiéramos vivir, pero gracias a la empresa, hemos estado informados diariamente sobre las medidas que teníamos que adoptar y como teníamos que hacerlo»

La transparencia y confianza por parte de nuestra empresa son valores que han hecho que María Dolores no tenga otro pensamiento que no sea continuar y seguir apostando por Grupo La Caña en un futuro. “Hay muchas empresas dedicadas a la agricultura, con sus propias maneras de funcionar, pero en ésta me encuentro muy segura”.

Con tan solo tres años para jubilarse, piensa que no podrá darlo todo como hace años, pero está convencida que irá a ayudar en todo lo que pueda. “A mi hijo José Fernando le encanta este mundo, lo ha vivido desde pequeño y va a coger las riendas sin ningún tipo de problema, asegura. Además, piensa que la agricultura del futuro será mucho más sostenible, saludable y competitiva “es evidente que una agricultura respetuosa y preocupada por el medio ambiente es cada vez más necesaria y sé que mi hijo en poco tiempo se iniciará en la producción ecológica”.